
Estaba cansado y decidí parar mi coche al lado de una tapia de piedra no muy alta, una valla que no impedía la entrada a un inmenso jardín, baje del coche, para estirar un poco las piernas, y me puse a caminar en paralelo a la línea entre el jardín y la carretera, al llegar ante la entrada me llamo la atención una placa donde pude leer “el jardín de los amantes” su puerta de rejas se encontraba abierta, mire mas allá de ella y pude observar como un manto verde cubría todo la superficie cónica de aquel extravagante jardín, que coronaba en un pequeño montículo donde se erguía el único árbol del lugar.
Sin pensarlo me dirigí por encima de aquella alfombra hasta llegar al árbol, y pude observar su tronco sus ramas aquella similitud con dos…
-bonito árbol. ¿Le gusta?
Me di la vuelta sobresaltado y advertí a un hombre mayor con un rastrillo que recogía las hojas que caían del árbol, incluso antes de llegar al suelo. De repente planto el rastrillo en el suelo apoyándose en él y las hojas dejaron de caer.
-es un árbol muy viejo, dice la gente que nació mayor, que surgió de un día para otro por una mujer.
¿Por una mujer? Pregunte mostrándome muy interesado.
Si, por una hermosa mujer. Pero es una larga historia y tengo que recoger las hojas.
Mire a mi alrededor y no distinguí hoja alguna, fruncí mi ceño como no entendiendo nada.
Aquel hombre viejo de pelo blanco, se percato de mi gesto y dijo.
-¿Cree usted que estoy loco? Las hojas que cayeron son pasadas, y no se puede borrar el pasado, las hojas que caerán son futuras, y nunca sabremos lo que hay que recoger, pero… las hojas que caen son presente y este sí, se puede limpiar sin demorarnos para que no se convierta en pasado.
Dejo de hablar juntando aquellos ojos fríos faltos de vida, como intentando dormitar.
-No entiende nada de lo que le digo ¿verdad?
-No sé a qué se refiere usted.
- Es muy joven todavía pero deje que continúe, y así lo entenderá.
Inhalo aire dando a entender que lo que relataría a continuación era algo costoso para él.
-Todo empezó hace muchos, muchos años, en el tiempo donde los matrimonios se gestaban por conveniencia de las familias.
Vivía una chica muy bella, en el pueblo de al lado, si en una casa roja donde la calle acababa en un pequeño estanque formado por las aguas cristalinas de un riachuelo, su familia era humilde, su padre se dedicaba a cuidar de las tierras del terrateniente.
Un día el terrateniente se fijo en la hija de Antonio, pues era viudo hacia ya unos años y le dijo.
- Antonio su hija va teniendo edad casadera, ¿ya tiene pretendiente? Ni recordarle tengo que yo sería un buen partido para ella.
Antonio sabía que su hija Nerea andaba medio ennoviada con un mozo del pueblo, pero no podía rechazar tal propuesta y contesto que no.
-No don Armando mi hija no anda festeando con nadie, ni tiene pretendiente alguno, aparte de usted, claro está.
Dándose por satisfecho de la contestación recibida paso a hablar del ajuar para con su hija y comentarle que la cosa no podía esperar mucho por la edad caprichosa de la misma.
Nerea mientras tanto, ajena a las maquinaciones de su padre, cada día que pasaba se sentía más y más enamorada de su joven, incluso tenían planes de futuro, su amor era guardado en secreto por los dos, se veían a las afueras del pueblo para no ser descubiertos; no tenían nada que esconder, pero su vida solo era de ellos dos; habían escogido un prado resguardado de la vista por una pequeña valla, donde daban rienda suelta a su amor.
Un día llego a casa su padre un poco antes de lo normal, se sentó a la mesa y pidió a su madre por ella, se dirigió a su habitación y le comunico que su padre quería verla. Nerea se dirigió al comedor en busca de su progenitor sin intuir lo que él le tenía que comunicar.
Mira Nerea estas en edad casadera, aunque tu corazón te puede jugar malas pasadas, por lo que me creo en la obligación de velar por tu bienestar y buscarte marido.
Nerea notaba como un sudor frío le invadía todo su cuerpo pero no se atrevía a articular palabra, por respeto, o quizás por miedo.
Con tristeza en el alma Nerea acudió a su cita diaria con el muchacho y paso a relatarle lo ocurrido, él la abrazo fuertemente sin saber cómo consolarla ni de qué forma actuar por su juventud y su temor, Juntos decidieron que lo mejor era aceptar las pretensiones de su padre, pero nunca renunciarían a estar juntos, a poder verse y amarse.
Pronto llego el triste día de la boda, donde su corazón quedo partido en vida, no podía concebir la existencia sin su amor y pensó que pronto estaría junto a él…
Pasados unos días pudo salir encaminándose al prado preguntándose mientras se acercaba si él estaría allí esperando el encuentro. Pronto sus dudas se disiparon al verlo, tocarlo, abrazarlo y besarlo. Todo esto se repetía cuantas veces ella podía escapar de su encierro.
Pero llego el día que el señor don Armando se percato de lo que sucedía y decidió vengar su honor, cogió su escopeta de caza y sin ser visto por Nerea la siguió hasta el idílico prado, una vez allí, espero que cayera en los brazos de su amante, y penetró en amenaza tajante contra el joven encañonándole con su escopeta decidido a disparar…aconteció entonces algo imprevisto Nerea se interpuso entre el arma y su amante recibiendo ella el disparo, cayendo entre los brazos de su amado. Don Armando al ver lo acontecido arrojo su escopeta y dando media vuelta marcho como absorto por la imagen.
Nerea agonizaba en los brazos de su joven, este le gritaba que no podía dejarle, que le había prometido estar siempre a su lado, ella le miro a los ojos diciéndole en voz tenue, nunca te de
jare y al momento una lágrima rodó por su mejilla cayendo al suelo, dejando escapar su aliento.
Pero aconteció que del lugar de tierra regado por su lágrima comenzó a brotar un árbol arrebatando de la mano de su amante a Nerea, enterrándola en sus raíces convirtiéndose en un árbol hermoso conservando la silueta de Nerea…
Después de lo acontecido el joven juro ante el árbol que cuidaría de el y lo amaría por siempre, sus visitas se sucedían día tras día, hasta que el joven enfermo de amor, postrado en su cama oía susurrar las ramas de Nerea, su voz le decía “tienes que venir a mi amor”, el apenas tenia fuerzas para emprender el camino hacia el jardín, pero la voz repetía incesantemente, “tienes que venir a mi amor”.
Encaminándose como poseído de pasión no tardo en llegar ante aquel hermoso árbol del jardín.
-Ya me tienes aquí mi vida de rodillas ante ti, y ahora que e de pedir mi amor.
Y aquel rumor continúo… amor ven junto ami, y el árbol extendió sus ramas para que el joven descansará
en ellas… quedando dormido para no
Despertar.
Desde aquel día el único árbol del jardín los unió para siempre.
Y cuenta el dicho que Don Armando fue castigado por el espíritu del árbol a no dejar convertir el presente en pasado dejando tocar el suelo a sus hojas, convertidas en lagrimas de amor eterno.
Sin pensarlo me dirigí por encima de aquella alfombra hasta llegar al árbol, y pude observar su tronco sus ramas aquella similitud con dos…
-bonito árbol. ¿Le gusta?
Me di la vuelta sobresaltado y advertí a un hombre mayor con un rastrillo que recogía las hojas que caían del árbol, incluso antes de llegar al suelo. De repente planto el rastrillo en el suelo apoyándose en él y las hojas dejaron de caer.
-es un árbol muy viejo, dice la gente que nació mayor, que surgió de un día para otro por una mujer.
¿Por una mujer? Pregunte mostrándome muy interesado.
Si, por una hermosa mujer. Pero es una larga historia y tengo que recoger las hojas.
Mire a mi alrededor y no distinguí hoja alguna, fruncí mi ceño como no entendiendo nada.
Aquel hombre viejo de pelo blanco, se percato de mi gesto y dijo.
-¿Cree usted que estoy loco? Las hojas que cayeron son pasadas, y no se puede borrar el pasado, las hojas que caerán son futuras, y nunca sabremos lo que hay que recoger, pero… las hojas que caen son presente y este sí, se puede limpiar sin demorarnos para que no se convierta en pasado.
Dejo de hablar juntando aquellos ojos fríos faltos de vida, como intentando dormitar.
-No entiende nada de lo que le digo ¿verdad?
-No sé a qué se refiere usted.
- Es muy joven todavía pero deje que continúe, y así lo entenderá.
Inhalo aire dando a entender que lo que relataría a continuación era algo costoso para él.
-Todo empezó hace muchos, muchos años, en el tiempo donde los matrimonios se gestaban por conveniencia de las familias.
Vivía una chica muy bella, en el pueblo de al lado, si en una casa roja donde la calle acababa en un pequeño estanque formado por las aguas cristalinas de un riachuelo, su familia era humilde, su padre se dedicaba a cuidar de las tierras del terrateniente.
Un día el terrateniente se fijo en la hija de Antonio, pues era viudo hacia ya unos años y le dijo.
- Antonio su hija va teniendo edad casadera, ¿ya tiene pretendiente? Ni recordarle tengo que yo sería un buen partido para ella.
Antonio sabía que su hija Nerea andaba medio ennoviada con un mozo del pueblo, pero no podía rechazar tal propuesta y contesto que no.
-No don Armando mi hija no anda festeando con nadie, ni tiene pretendiente alguno, aparte de usted, claro está.
Dándose por satisfecho de la contestación recibida paso a hablar del ajuar para con su hija y comentarle que la cosa no podía esperar mucho por la edad caprichosa de la misma.
Nerea mientras tanto, ajena a las maquinaciones de su padre, cada día que pasaba se sentía más y más enamorada de su joven, incluso tenían planes de futuro, su amor era guardado en secreto por los dos, se veían a las afueras del pueblo para no ser descubiertos; no tenían nada que esconder, pero su vida solo era de ellos dos; habían escogido un prado resguardado de la vista por una pequeña valla, donde daban rienda suelta a su amor.
Un día llego a casa su padre un poco antes de lo normal, se sentó a la mesa y pidió a su madre por ella, se dirigió a su habitación y le comunico que su padre quería verla. Nerea se dirigió al comedor en busca de su progenitor sin intuir lo que él le tenía que comunicar.
Mira Nerea estas en edad casadera, aunque tu corazón te puede jugar malas pasadas, por lo que me creo en la obligación de velar por tu bienestar y buscarte marido.
Nerea notaba como un sudor frío le invadía todo su cuerpo pero no se atrevía a articular palabra, por respeto, o quizás por miedo.
Con tristeza en el alma Nerea acudió a su cita diaria con el muchacho y paso a relatarle lo ocurrido, él la abrazo fuertemente sin saber cómo consolarla ni de qué forma actuar por su juventud y su temor, Juntos decidieron que lo mejor era aceptar las pretensiones de su padre, pero nunca renunciarían a estar juntos, a poder verse y amarse.
Pronto llego el triste día de la boda, donde su corazón quedo partido en vida, no podía concebir la existencia sin su amor y pensó que pronto estaría junto a él…
Pasados unos días pudo salir encaminándose al prado preguntándose mientras se acercaba si él estaría allí esperando el encuentro. Pronto sus dudas se disiparon al verlo, tocarlo, abrazarlo y besarlo. Todo esto se repetía cuantas veces ella podía escapar de su encierro.
Pero llego el día que el señor don Armando se percato de lo que sucedía y decidió vengar su honor, cogió su escopeta de caza y sin ser visto por Nerea la siguió hasta el idílico prado, una vez allí, espero que cayera en los brazos de su amante, y penetró en amenaza tajante contra el joven encañonándole con su escopeta decidido a disparar…aconteció entonces algo imprevisto Nerea se interpuso entre el arma y su amante recibiendo ella el disparo, cayendo entre los brazos de su amado. Don Armando al ver lo acontecido arrojo su escopeta y dando media vuelta marcho como absorto por la imagen.
Nerea agonizaba en los brazos de su joven, este le gritaba que no podía dejarle, que le había prometido estar siempre a su lado, ella le miro a los ojos diciéndole en voz tenue, nunca te de

Pero aconteció que del lugar de tierra regado por su lágrima comenzó a brotar un árbol arrebatando de la mano de su amante a Nerea, enterrándola en sus raíces convirtiéndose en un árbol hermoso conservando la silueta de Nerea…
Después de lo acontecido el joven juro ante el árbol que cuidaría de el y lo amaría por siempre, sus visitas se sucedían día tras día, hasta que el joven enfermo de amor, postrado en su cama oía susurrar las ramas de Nerea, su voz le decía “tienes que venir a mi amor”, el apenas tenia fuerzas para emprender el camino hacia el jardín, pero la voz repetía incesantemente, “tienes que venir a mi amor”.
Encaminándose como poseído de pasión no tardo en llegar ante aquel hermoso árbol del jardín.
-Ya me tienes aquí mi vida de rodillas ante ti, y ahora que e de pedir mi amor.
Y aquel rumor continúo… amor ven junto ami, y el árbol extendió sus ramas para que el joven descansará

Despertar.
Desde aquel día el único árbol del jardín los unió para siempre.
Y cuenta el dicho que Don Armando fue castigado por el espíritu del árbol a no dejar convertir el presente en pasado dejando tocar el suelo a sus hojas, convertidas en lagrimas de amor eterno.